jueves, 27 de octubre de 2011

JACEK YERKA

SURREALISMO Y SUEÑOS INFANTILES

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libro de yerka

poemas de gonzalez tuñon



                           “Cuando paso frente de un local don-
                          de exponen pinturas de niños, sigo de
                               largo.”
                                                    BATLLE PLANAS

PORQUE el niño conserva todos los libres bríos
de la invención, baraja sus monstruos increíbles
y sus enloquecidos ángeles.
La bárbara inocencia sin prejuicios de la  primera pureza
y el espléndido caos, el delirio de la razón, la fantasía.

El niño es el primer surrealista.

Y crece es hombre, y sigue viviendo más no sabe
y quien lo lleva adentro así lo ignora.
A veces, de manera sutil, eso supongo,
en cada acto adulto la infancia nos vigila
-una voz, un suceso rotundo, familiar, una lámpara,
una paloma herida con mensaje-.

Todo hombre en el final minuto de su invierno
piensa en algo lejano cuando muere.
Y la muerte es el último país que el niño inventa


DESPUÉS DE LA MUDANZA

EL NIÑO triste mira con asombro
el patio donde había cielo.
La marca que dejó en el muro
la fotografía de la boda.
El sitio donde estuvo el piano
(su música, como la lluvia).
La ventana donde el otoño
daba su luz a los malvones.
¿Y cómo la verá un día,
vaga, distante, en el recuerdo?

La carta que cayó del mueble
como una hoja del tiempo


  



 La luna con gatillo (fragmentos)

Es preciso que nos entendamos.
Yo hablo de algo seguro y de algo posible.
Seguro es que todos coman
y vivan dignamente
y es posible saber algún día
muchas cosas que hoy ignoramos.
Entonces, es necesario que esto cambie.


Un poema no es una mesa,
ni un pan,
ni un muro,
ni una silla,
ni una bota.
Con una mesa,
con un pan,
con un muro,
con una silla,
con una bota,
no se puede cambiar el mundo.
Con una carabina,
con un libro,
eso es posible.
¿Comprendéis por qué
el poeta y el soldado
pueden ser una misma cosa?

Tengo derecho al vino,
al aceite, al Museo,
a la Enciclopedia Británica,
a un lugar en el ómnibus,
a un parque abandonado,
a un muelle,
a una azucena,
a salir,
a quedarme,
a bailar sobre la piel
del Último Hombre Antiguo,
con mi esqueleto nuevo,
cubierto con piel nueva
de hombre flamante

Subiré al cielo,
le pondré gatillo a la luna
y desde arriba fusilaré al mundo,
suavemente,
para que esto cambie de una vez.

Canción para vagabundos
(que compuso Juancito Caminador)

Salud a la cofradía
trotacalle y trotamundo,
todo nos falta en el mundo
todo, menos la alegría.
Y viva la santa unión
de Sin-ropas y Sin-tierras,
todo nos falta en la tierra,
todo menos la ilusión.
Corto sueño y larga andanza
en constante despedida,
todo nos falta en la vida,
todo, menos la esperanza.
Amigos de las botellas
pero poco del trabajo,
todo nos falta aquí abajo,
todo, menos las estrellas.
Inofensiva locura, ´
sinrazón de vagabundo,
todo nos falta en el mundo,
todo, menos sepultura.
Prosigamos, si Dios quiere,
nuestro camino sin Dios,
que siempre se dice adiós
y una sola vez se muere.
                                                   (De Los caprichos de Juancito Caminador, 1941

 
 

martes, 18 de octubre de 2011

NACIDO

Y ella es su madre,
esa pequeña mujer
causante de los ojos grises.
La barca en la cual hubo de
navegar por años hasta la orilla.
Del que apareció
en el mundo,
en la no eternidad.
Progenitora del hombre
con quien saltó a través del fuego.
Entonces es la única
que dentro de sí no lo eligió
ya hecho, completado.
Fue ella misma quien le asió
de la piel que conozco,
ató los huesos ocultos en mí.
Buscaba con la mirada
sus ojos grises
con los que hubo de mirarme.
Y es ella, su alfa
¿por qué me la enseñó?
Nacido.
Así es aquel, nacido.
Nacido como todos.
como yo que moriré.
Hijo de una verdadera mujer.
Un recién llegado de las profundidades del cuerpo.
Un vagabundo hasta el omega.
Amenazado
por su inexistencia
desde todos los lados,
en cada momento.
Y su cabeza es una contra el muro
condescendiente con el tiempo.
Y sus movimientos
intentos por evadir
la sentencia universal.
Entendí
que él ya recorrió la mitad del camino.
No, pero no me dijo nada.
—Esa es mi madre— solo eso.
Autora: Wislawa Szymborska
Versión al castellano: Marta Sowa & Aníbal Canchaya Kralewska